Cándido, o el optimismo - Voltaire

 


Cándido, un joven bastardo sin riquezas, pero miembro de la alta sociedad, empapado por una filosofía optimista, hasta que su expulsión del castillo de Westfalia le lleva a emprender un largo viaje alrededor del globo. Personalmente me siento identificada con Cándido. Yo también creía que pertenecía al mejor mundo posible.

Así como Cándido, yo crecí en mi propio castillo, plagado de juguetes, libros y paredes de color de rosa. Poco conocía del mundo, pero me generaba interés, aunque estaba ciega por aquello que afirmaban los libros de historia y lo que me era contado por aquellos cercanos a mi. Creía que mi vida era la mejor que podría tener; tenía mi espacio, mis cosas, mis intereses, mis amigos, mi familia. Tenía sus puntos negativos, algo inevitable dentro de la condición humana, pero como siempre decía mi abuela: las cosas malas pasan por una razón. El optimismo era consolador, sin embargo, no fue siempre suficiente. 

Al crecer, me deparé con situaciones que me desolaron, tal y como lo vivió Cándido en sus viajes. Pude conocer una pequeña parcela de lo que eran los horrores del mundo; conflictos, enfermedades, desastres y dolor formaron parte de mi vida durante momentos y aún a día de hoy siguen siendo los protagonistas de mis pesadillas. Al depararme con estos males innumerables veces, entendí que las cosas malas no suceden por una razón, que el mundo no es el mejor que puede ser y que la vida es dura y muchas veces cruel. Sin embargo, una vez más, como Cándido, me aferré al amor.

En la obra pude percibir la dicotomia del amor. El amor hiere, pero el amor cura. El amor expulsó a Cándido del castillo de Westfalia, pero el amor mantuvo la constancia de este en situaciones de extrema tensión y dolor. Para mí fue parecido. El amor que sentía, y siento, por el arte, la música, la naturaleza, por las personas y por la vida en sí me impidió la caída, y salí adelante una y otra vez, como un pilar que sostiene la más bonita catedral. Sin este pilar, por muy bonita que fuera la catedral, no se mantendría en pie.

Con la lectura de Cándido, o el optimismo sentí que por fin había encontrado palabras para describir aquello que habita dentro de mí, y entiendo que esta sensación es un paso más en la dirección de mi propio jardín. 

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